¿Cómo funciona el aprendizaje? El aprendizaje Activo y Pasivo

¿Cómo funciona el aprendizaje? El aprendizaje Activo y Pasivo

Benjamin FranklinAquellos que cederían la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad, ni seguridad.
Benjamin Franklin fue uno de los padres fundadores y presidentes de Estados Unidos. Una de las figuras históricas de mayor representación en el país norteamericano. De hecho, el billete de 100 dólares tiene su retrato estampado.

Ben Franklin no fue sólo un político estadounidense. También se le considera filósofo, escritor e inventor. Tiene numerosas frases célebres sobre el conocimiento, el aprendizaje, la lectura, los amigos y los valores. Era un tipo con unos valores muy fuertes. De esos que hoy en día no encontramos en la política.

Ben también tenía un método de aprendizaje a la hora de escribir. Escribía mucho. Escribió varios libros. Semanalmente y en diferentes periódicos. Artículos de todo tipo. Filosofía, política, ciencias… Pero nunca estuvo conforme con su nivel de escritura. Siempre le parecía pobretón. Así pues, ideó él mismo un sistema de aprendizaje que le ayudaría a escribir mejor. Ponía en práctica el estudio semanalmente, y le llevaba varias horas de práctica. Consistía en leer un relato de algún escritor de renombre. Podía ser filosofo, o novelista. Lo importante era que fuera un gran escritor.

Al cabo de un par de días, reescribía, desde lo que le permitía su memoria, el texto que había leído previamente. Después de escribirlo con sus palabras, volvía a leer el relato original y lo comparaba con su texto. De ahí, extraía las diferencias que pudieran haber. Repetía el proceso durante varias semanas, hasta que su estilo era muy semejante al del escritor al que intentaba emular. Cuando lo conseguía, cambiaba de género y autor de forma radical. Buscaba la variedad. En su autobiografía, Benjamin Franklin asegura que este fue uno de los mecanismos que más le ayudó a mejorar su nivel de escritura. Acabó siendo uno de los mejores autores que ha dado la historia de Estados Unidos.

¿En qué se basaba el aprendizaje de Ben Franklin?

Aprendizaje Activo y Pasivo

Hay diferentes formas de aprender algo. Una de las más habituales, por cómoda, es la repetición. El problema de la repetición es que no queda bien almacenada en la memoria a largo plazo. Funciona cuando queremos retener algo a corto plazo. Pero cuando pasa un tiempo, casi seguro que lo hemos olvidado. Puede llegar a retenerse a largo plazo, pero requiere de mucha repetición. Y aún así, no es seguro.

El aprendizaje de Franklin era activo. Es decir, él tomaba partido, estudiaba y analizaba sus propios errores. Pensaba y razonaba dónde podía estar fallando y cómo podía mejorar. Este tipo de aprendizaje requiere mucho más esfuerzo. Sin embargo, también es más efectivo.

Actualmente, el sistema educativo a penas se ha actualizado. Es un mamut gigante, lleno de burocracia, que cuesta mucho cambiar. Por ello, las antiguas técnicas se siguen aplicando en la mayoría de centros. Hace 150 años ir a caballo era mejor que ir caminando. Hoy en día resultaría algo bastante extraño. Con los sistema de aprendizaje pasa algo parecido. Aunque en muchas ocasiones seguimos yendo a caballo.

Clases repletas de alumnos. Los cuales se agrupan por edad. No por capacidad, ni conocimiento. Sino por edad. Da igual que a un alumno le cuesten más las matemáticas, u otro vaya exageradamente por delante. Irán al mismo ritmo. Y estudiarán el mismo temario.

Pero esto no es lo peor. Lo peor es que el aprendizaje muchas veces es pasivo. Estático. El profesor se limita a recitar una lección. Los alumnos copian. Es cómodo para el profesor. Es cómodo para el alumno. Todos contentos. ¿El perjudicado? El conocimiento que se adquiere. La educación.

En Japón cuando alguien pregunta algo a un profesor, se le suele decir: róbaselo al mejor.

No se roba en el sentido literal de la palabra. Lo que quiere decir, es que es mucho mejor que el alumno se fije en cómo lo está haciendo un compañero. Analice qué está haciendo para destacar. Estudie activamente. Y finalmente, le acabe copiando la técnica. Vendría a ser lo que hacía Ben Franklin. Si el profesor te descubre dónde está destacando un compañero en concreto, su aprendizaje será pasivo. Probablemente mañana lo habrá olvidado. No ha requerido de un gran esfuerzo por su parte. Se lo han dado masticado dentro de la boca.

Todo es cuestión de interés. Cuanto más interés tomas en algo. Más sencillo te resultará aprenderlo. O mejor dicho, más facilidad tendrás para que quede grabado en tu memoria a largo plazo. Vamos a ver una escala de interés y cómo repercutiría en tu aprendizaje:

  1. Te cuentan algo. No has preguntado previamente. Interés nulo. Aprendizaje, muy limitado e ineficiente.
  2. Preguntas algo, y te lo explican. Algo más de interés. Sin embargo, tu cerebro no ha tenido que hacer un gran esfuerzo para procesar la información. Por lo que es probable, salvo que hayas puesto un grandísimo interés, que lo olvides pronto.
  3. Preguntas algo y el profesor te responde con otra pregunta. Debes pensar la respuesta. El profesor te fuerza a que razones lo que has preguntado y busques la respuesta por ti mismo. Mucho más activo que el punto anterior.
  4. Preguntas, y no te responden. Analizas por ti mismo. Descubres la respuesta por ti mismo. Pasas horas y días buscando la solución, pero no la encuentras. El profesor, finalmente, te la explica. Aprendizaje mucho más activo y eficiente que los tres anteriores.
  5. Muestras por ti mismo interés en algo. Analizas paso a paso y detenidamente dónde estás fallando. Cómo puedes mejorar. Probablemente el tipo de aprendizaje más efectivo de todos.

La práctica deliberada

Existe un tipo de estudio y aprendizaje llamado «práctica deliberada». Este tipo de aprendizaje consiste, de forma muy básica, en estudiar puntos muy concretos del campo en el que te estás formando. El aprendizaje es muy concreto y analítico. Te centras en pequeños detalles y los mejoras poco a poco. Aunque sea una pequeña tontería, cada día mejoras en algo. Al cabo de bastante tiempo, has podido perfeccionar mucho tu aprendizaje. Además, tiene el añadido que se trata de un aprendizaje muy activo. Por lo tanto, queda retenido con más facilidad en la memoria a largo plazo. Una vez más, el bueno de Ben Franklin estaba haciendo práctica deliberada con su narrativa y ensayo. Se trata de un tipo de aprendizaje que se enfoque, prueba y error.

El problema de la práctica deliberada y del aprendizaje activo, es que requiere muchos más recursos por tu parte. La energía que desgastas es mayor. Por ello, nos suele dar más pereza. Pensar da pereza. Requiere que utilicemos mucho más nuestro pensamiento. Las matemáticas, son un claro ejemplo de ello. Que a una persona se le den bien las matemáticas, es principalmente porque su cerebro está predispuesto y entrenado para ello. Predispuesto, porque genéticamente y culturalmente ha sido adaptado para ello. Entrenado, porque ha practicado las matemáticas y la resolución de problemas de forma continuada. Esto prepara a tu cerebro para la resolución de problemas. Al igual que entrenas para una carrera, también entrenas para solucionar problemas. Es muy complicado aprender matemáticas pasivamente. Aunque seas una persona cuyos antepasados no han hecho nunca una ecuación, puedes ser muy bueno en matemáticas. Todo depende de la capacidad que tengas para aprender activamente (las matemáticas requieren este tipo de aprendizaje), la utilización del pensamiento lateral y la capacidad que tengas de ser constante en el tiempo.

En algunas universidades, algunos profesores están poniendo en práctica este tipo de aprendizaje. Es mucho más laborioso para el profesor. Lo sencillo es sentarse y recitar el temario. Pero los alumnos aprenden mucho más. Hacen falta más profesores que amen su profesión.

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