Así nos manipula nuestro Chimpancé: ¿Cómo entender la psicología primitiva del ser humano?

Así nos manipula nuestro Chimpancé: ¿Cómo entender la psicología primitiva del ser humano?

Estás frente a un grupo de personas, hablando sobre algo. Exponiendo un tema. Sudas. A veces se te escapa algún tartamudeo. Tienes mariposas en la barriga.

Una vez coges carrerilla y después de que hayan pasado unos minutos, si todo ha ido bien empiezas a encontrarte mejor. Pero esos minutos, horas o días previos han sido horribles.

La parte más primitiva de nuestro cerebro está actuando para defendernos. La razón es clara: estamos expuestos a un grupo de iguales y cualquier fallo que cometamos puede desencadenar que acabemos fuera del grupo. Estar fuera del grupo reduce mucho nuestras posibilidades de supervivencia.

El chimpancé nos ha manipulado.

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Por otro lado, cuando repites la misma charla cada día, semana tras semana, ante un público que desconoce más que tú la temática sobre la que hablar y sobre el que tienes cierta autoridad (como por ejemplo, un profesor), las sensaciones son muy diferentes. Mayor tranquilidad y mayor bienestar. En esta ocasión, el chimpancé está tranquilo. Sabe que si fallamos, el grupo que está presente quizás ni se dé cuenta. Y en caso de que se percaten, tenemos cierta autoridad.

El chimpancé es el motivo por el que en el instituto queramos ser igual que el resto.

O que haya personas que hagan bulling sobre otras que aparentan ser más débiles.

Es el motivo por el que muchas personas van al gimnasio para poner un buen trasero o un tener un bíceps gigante (la salud no importa mucho).

Pero también es la causa por la que otros tantos comen cantidades enormes de azúcar a diario y prácticamente no se mueven de una silla. El chimpancé en muchas ocasiones provoca que una marca tenga éxito o que Facebook cuente ya con más de un billón y medio de usuarios.

De hecho, el chimpancé que llevamos dentro ha generado las industrias más rentables de la historia: azúcar, armas, drogas…

Se podrían poner muchos ejemplos y el lector podrá verlos a lo largo del post. Pero todo empieza con uno de nuestros antepasados, en algún lugar de África. Hace unos 100.000 años a.C. una persona que físicamente se podría parecer a cualquier de nosotros, vivía en una pequeña tribu. Mataba y cazaba para comer y protegerse. Solían procrear cuando sus necesidades fisiológicas así lo demandaban.

Las principales preocupaciones para esta persona eran: comer, dormir, beber, copular y sobretodo… ser aceptado por los otros miembros de la tribu.

Una buena posición dentro de la tribu le otorgaba autoridad. Con autoridad podía eliminar a los miembros potencialmente peligrosos con mayor facilidad y tenía menos riesgo de ser expulsado.

Su mayor pesadilla era sospechar que la tribu empezara a cuchichear sobre él. Sobre lo improductivo que era y sobre las cosas raras que hacía a diario. Si había suficientes personas dentro de la tribu que hablaban mal de él, su autoridad caía en picado.

Si caía en picado las probabilidades de verse fuera aumentaban en la misma proporción.

Quedar fuera de la tribu era equivalente a estar muerto.


Lo que piensas que está pasando (4)Lo que piensas que está pasando (6)

Pensamos que somos observados mucho más de lo que deberíamos. Ya sea por un problema de egocentrismo o de timidez.

Salvo que uno sea Messi, Obama o Scarlett Johansson, debe saber que no es el chico/a al que más mira toda la sala.

En la imagen de más arriba, por ejemplo, podemos ver cómo el chimpancé nos domina cuando tenemos que exponer algo ante una audiencia. La realidad es que digas lo que digas, no va a significar un cambio importante ni en tu vida, ni en la del público que te escucha. Además, entre todos los presentes, habrá muy pocos que realmente te estén juzgando/escuchando atentamente. Así que no hay razón para sudar tanto.

Cortejar a una chica de la tribu y fallar también era algo malo. Esta chica se lo diría a las otras, y quizás estas se vieran contagiadas. Podría desencadenar en el futuro un rechazo por parte de más féminas.

Es decir, para este antepasado ser socialmente aceptado significaba prácticamente todo. Por esta razón e incluso hoy en día los seres humanos estamos tremendamente obsesionados por lo que piensan otros seres humanos.

Resumiendo, lo importante era mantener un buen estatus social, lo que significaba mantenerse dentro de la tribu, lo que conllevaba a mayores posibilidades de supervivencia y procreación. Funcionaba bastante bien para aquellos humanos que vivieron hace 100.000 años a.C. Y para aquellos que también lo hicieron hace 50.000, 40.000 o incluso 10.000 años a.C.

Para hacernos una idea de cómo nuestro cerebro sigue funcionando igual que lo mencionado anteriormente, basta echar un ojo al poco tiempo que llevamos siendo una sociedad «desarrollada» comparativamente desde que se tienen evidencias de los primeros homo sapiens sapiens:

200.000 años

 

El mapa temporal anterior nos está diciendo que durante la mayor parte de nuestra historia, nuestros cerebros se han comportado y se han tenido que comportar para defenderse de peligros que hoy en día y al menos en occidente, no existen.

Esto de aquí arriba no parece muy importante, pero está brutalmente relacionado con la mayoría de problemas que ha habido en la historia y que todavía hay hoy en día.

Básicamente nuestros instintos más primitivos se siguen comportando como cuando pertenecíamos a sociedades cazadoras recolectoras. Pero por otro lado en los últimos milenios hemos conseguido avanzar considerablemente a nivel tecnológico.

Eso ha provocado que en muchas ocasiones la frase de «eres más peligroso que un mono con dos granadas» se le pueda atribuir de forma casi literal al ser humano.

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El chimpancé es cortoplacista

El chimpancé no piensa en lo que vamos a hacer de aquí a un año. O de aquí a unos meses. De hecho, no le importa lo que vamos a hacer mañana. Lo importante es el aquí y el ahora. Esto puede ser bueno y malo a la vez.

Es bueno cuando somos incapaces de disfrutar el momento y estamos constantemente preocupados por lo que nos deparará el futuro. No sabemos lo que nos va a ocurrir, pero estamos preocupados por ello.

Por otro lado, es malo porque el chimpancé busca el placer inmediato.

Nos encanta el azúcar porque antaño los alimentos azucarados significaban dos cosas:

  • Eran una potente fuente de energía (ricos en carbohidratos).
  • No solían ser alimentos venenosos. Es decir, no es fácil encontrar un vegetal que sea dulce y venenoso a la vez. La principal razón es que las plantas generan toxinas para evitar ser comidas y frutas dulces y sabrosas para esparcir sus semillas.

Debido a estas dos razones, nuestros antepasados evolucionaron sintiendo gran placer por el azúcar.

Hoy en día nuestro cuerpo no se ha adaptado a este cambio, al igual que nuestro cerebro tampoco. Por lo tanto para el chimpancé el azúcar es un elemento buenísimo para el corto plazo. De ahí que sea tan difícil evitarlo.

Pero… nuestros antepasados no disponían de azúcares a diario. Y se solían mover mucho más que nosotros. Podíamos caminar entre 10 y 16 km diarios. Hay que recordar que se estima el origen de la agricultura entre 7.000 y 10.000 años a.C. Por lo tanto, antes de eso éramos cazadores, recolectores y nómadas.

Hoy en día nos movemos mucho menos y tenemos una fuente inmensa de azúcares a nuestro alcance. Sin embargo, para nuestro cerebro el azúcar sigue siendo un auténtico placer. Nuestro cerebro lo interpreta como algo positivo.

El chimpancé es muy emocional y generalmente piensa de forma independiente a nosotros. Esto no es bueno ni malo. Simplemente es un chimpancé. Por mucho que le digas que ese donut no le hace ningún bien, él querrá comerlo.

De alguna forma en su material genético hay algo que le dice que ese donut aporta un montón de calorías inmediatas y mañana no sabe si va a haber comida.

Perfecto, sigue así y tendremos reservas suficientes para los próximos diez años

¿Qué pasa si a un león le entregas una gacela cada dos días? Que el león no cazará. Así de sencillo.

El león caza para alimentarse. En caso de que no necesite cazar no malgastará energías bajo el sol de la sabana africana. El ser humano es un mamífero, y la parte primitiva de nuestro cerebro no es muy diferente a la de un león. Por ello si el chimpancé no necesita moverse, no se moverá.

Además de esto, el chimpancé también es la razón por la que el ser humano procastina. La procastinación sucede cuando dejas de hacer lo que tienes que hacer, por hacer otra cosa menos importante que tienes que hacer en ese momento.

Al chimpancé le da igual el medio y el largo plazo. Quiere el placer inmediato. Si el placer inmediato conlleva tumbarse en el sofá, dejará de estudiar, correr o leer; simplemente querrá tumbarse.

El chimpancé critica y cotillea. Le encanta la rumorología

Generalmente al chimpancé le encanta hablar sobre otras personas con otras personas. Dos razones:

  • Cree entablar una relación más cercana con aquella persona junto a la que está poniendo a caldo a otro/a.
  • Se siente mejor consigo mismo confirmando los males y/o defectos de otros posibles competidores.

El cotilleo es algo mucho más primitivo y poderoso de lo que nos pensamos.

Fue una herramienta muy eficiente para que el ser humano se posicionara en lo más alto de la cadena alimenticia. Hace un tiempo cazábamos por agotamiento, comíamos los vegetales y las frutas que encontrábamos en la naturaleza y también éramos carroñeros. Peleábamos con los buitres para comernos los restos que habían dejado los leones y las hienas.

Hoy en día los buitres están en peligro de extinción por nuestra culpa, los leones están en zoos hechos por nosotros mismos y nos cargamos a nuestros más temibles competidores, los neandertales (algunas teorías afirman esto último, aunque no es seguro).

Ojito con el homo sapiens.

Hablan bien de uno

El número de personas que podemos conocer de forma directa oscila entre 30 y 40.

Las tribus nómadas que nuestro chimpancé poblaba solían tener unos 30 miembros. Se estima que el Homo antecessor, hace unos 800.000 años, ya tenía capacidad para emitir algún tipo de lenguaje oral, aunque de manera muy limitada. En cualquier caso, ser capaz de emitir sonidos o comunicarse no es una ventaja competitiva enorme frente a otras especies.

Sigue leyendo.

En un grupo de entre 30 y 40 miembros, todo el mundo se conoce. Uno puede saber quién caza mejor o peor, quién es el semental que mejor fornica o cuál es la hembra a la que menos hijos se le mueren. Pero cuando el grupo crece, la cosa se complica.

No podemos saberlo todo sobre todos.

Sin embargo, el homo sapiens consiguió desarrollar una habilidad muy potente que ningún otro animal había adquirido anteriormente.

El cotilleo, chismorreo, habladuría o comadreo funciona de la siguiente manera. Una persona puede hablarle a otra sobre lo bien que caza una tercera. Probablemente dos individuos no se conocen de nada, pero uno tiene información sobre el otro. Esto nos permitió cazar y almacenar alimentos de forma más eficiente.

Los homo sapiens ganamos una enorme ventaja evolutiva aprendiendo a cooperar y sobretodo aprendiendo a difundir más información sobre otros miembros de la tribu. Ahora no hacía falta que un individuo conociera todo sobre todos. Ahora podía aprender y escuchar lo que otros sabían.

El problema del chismorreo es que hoy en día y en la mayoría de situaciones, es algo inútil. Una pérdida de tiempo.

Y lo peor, nuestras mentes le dan demasiada importancia a lo que piensan sobre uno mismo. Una vez más, es una habilidad que hace miles de años nos fue tremendamente útil, pero que hoy en día, a pesar de seguir grabada en nuestro ADN, ya no es tan necesaria.

Aún así, nos sigue encantando escuchar historias sobre otros. A pesar de que esas historias no afectan a nuestras vidas en nada. Por eso Facebook tiene 1,5 billones de usuarios y por eso las revistas/programas de TV sobre cotilleos y chismorreos de famosos siguen siendo máquinas de hacer pasta.

¿Has visto cómo ha engordado- (1)

Además de que nos guste hablar o escuchar sobre otras personas, no nos gusta que se hable de nosotros mismos.

Tan egocéntrico es el que piensa que todo el mundo está todo el rato hablando bien de él/ella, como el que piensa que todo el mundo está todo el rato hablando mal de él/ella. Se podría decir, incluso, que lo segundo conlleva un mayor malestar personal a largo plazo.

El hecho de que hablen de uno mismo puede ser algo bueno o malo. Si acabamos de cazar un antílope gigante, nos gustará que hablen sobre nuestra hazaña. Nos gustará oír lo que dicen sobre nosotros.

Por otro lado, si tenemos una pelea con otro miembro de la tribu y nos da de leches, entonces casi que nos dolerá más lo que se diga de nosotros que los guantazos recibidos.

El chimpancé es un imitador nato

El ser humano es un ente complejo y único.

Pero nuestra parte de chimpancé es simple y común. Estamos programados, una vez más, para imitar a los que están a nuestro alrededor.

De hecho, nos sentimos cómodos haciendo lo que el resto de la sociedad hace y en pocas ocasiones nos planteamos que sea algo correcto, lógico o absurdo.

Las modas generalmente funcionan de esta manera. Cuando un macho/hembra alfa hace algo diferente, suele desencadenar una reacción entre otros individuos que quieren copiar su estilo.

Poco a poco la tendencia se va extendiendo hasta que se ha implantado en varios miles/millones de individuos.

1960 (1)

 

La forma que tiene el chimpancé para mimetizar comportamientos de otros individuos cercanos a él se puede observar de forma clara mediante la teoría de las ventanas rotas. 

Esta teoría fue probada por George L. Kelling cuando fue contratado como consultor del Departamento de Tránsito de la Ciudad de Nueva York. Kelling se centró en eliminar por completo los graffitis que eran pintados a diario en los vagones neoyorkinos. Parece que un detalle tan simple como que los vagones del metro de Nueva York estuvieran repletos de graffitis provocaba un efecto de «todo vale» en los ciudadanos americanos.

Durante el tiempo que viví en Japón una de las cosas que me llamó la atención era la pulcritud y la limpieza que tenían en sus calles.

Siempre he dicho que la mayoría de calles japonesas están más limpias que muchas casas de occidente. No creo que los japoneses sean mejores personas que los occidentales. Pero sí que son más limpios. Y esto se debe a un efecto ventana en la sociedad japonesa.

Como el conjunto de la sociedad no suele tirar cigarrillos, papeles o cualquier tipo de basura en la calle, el individuo por si solo tampoco lo hace. De hecho, se avergüenza de ello.

Pero no es oro todo lo que reluce en la sociedad japonesa.

También hay ejemplos culturales y de mimetización por parte de los japoneses tremendamente absurdos. Es decir, en Japón está bastante mal visto irse del trabajo antes que el jefe. Esto provoca que los nipones sean famosos por su largas y arduas jornadas de trabajo. No obstante, lo que no sabe mucha gente es que gran parte de esas jornadas laborales son muy improductivas.

El problema es que en la sociedad japonesa está mal visto que un empleado se vaya antes que su jefe. Además de ello, los jefes tienen la obligación «moral» o «cultural» de quedarse hasta tarde trabajando y además, comprobar que sus empleados así lo hacen.

Esto es bastante absurdo porque provoca que muchos empleados sean personas infelices, que trabajan de sol a sol. O mejor dicho, calientan la silla de la oficina de sol a sol. Luego no pueden ver a sus familias, tampoco practicar deporte o tener algún hobby con el que disfrutar o distraerse.

Empleado (2)Empleado (3)

 

Empleado (5) Empleado (7)

Empleado (6)

Evidentemente no sé puede generalizar, pero sí pude confirmar que la situación anterior, aunque parezca algo cómica, pasa en muchas grandes empresas japonesas. Incluso en España también pasa algo parecido.

Adolf Eichmann fue un teniente coronel de las SS en al Alemania Nazi. Responsable del método «la solución final» cuyo principal objetivo era el de exterminar el mayor número de judíos posible al menor coste.

Una vez hubo escapado a Argentina, fue capturado por el Mossad y llevado a Jerusalén. Donde fue juzgado y posteriormente ahorcado. En los numerosos testimonios que dejó Eichmann antes de su muerte, ya en Israel, repitió en varias ocasiones que él seguía las ordenes y los deseos del gobierno al que obedecía.

Esto es lo que muchos personajes similares a Eichmann dirían en su misma situación, sin embargo la filosofa Hannah Arendt estudio con mayor profundidad al personaje y acabó sacando conclusiones interesantes. Arendt dijo que Eichmann posiblemente no era más que un funcionario, fiel a su país y a su gobierno que intentaba hacer su trabajo lo mejor que podía.

La forma que tiene el chimpancé de mimetizar ha estado presente a lo largo de toda nuestra historia y ha sido la causa real de muchos acontecimientos históricos. Hitler y el partido Nacionalsocialista Obrero Alemán no hubieran tenido el éxito que tuvieron a principios de la década de los 30 de no ser por el malestar general y las penurias económicas que tenía la sociedad alemana.

Pero también, por la capacidad que tuvo Hitler para dar sentido al orgullo alemán y conseguir que esta tendencia se metiera como veneno en muchos alemanes. Al poco tiempo la palabra de Adolf era ley porque la mayoría de personas así lo creían. Pocos se planteaban si era correcto o no. Y los que lo hacían sufrían represalias.

Hoy en día en occidente nos escandalizamos porque una mujer sea lapidada tras cometer adulterio. Pero antaño, nuestros antepasados las quemaban vivas y todavía hay partes en el mundo en las que esto pasa.

Muchos pensaran que es un tema de cultura y educación. Hay mucho de sociedad y mimetización por parte de sus individuos. A nosotros nos costó siglos de evolución, pensamiento y progreso para darnos cuenta de que no se podía quemar a una mujer porque le pusiera los cuernos a su esposo.

Los cambios sociales suelen ir poco a poco por esta razón. Porque la personalidad y el comportamiento del ser humano vienen dados en gran parte por los individuos que le rodean.

Otro ejemplo, los San Fermines. Fiesta famosa en Pamplona que se celebra cada año en Julio. Hemingway la popularizó con sus novelas y ahora es una fiesta muy famosa a nivel internacional. Sin embargo, nadie le pregunta a los toros si quieren correr por las calles de Pamplona. Muchos dirán que igualmente no se enteran de nada, pero tienen sistema nervioso igual que nosotros. Y desde luego que algo de estrés pasan.

El chimpancé es la razón por la que imperan tantos dogmas sociales y son tan difíciles de mover, eliminar o promover. El ser humano es el que se cuestiona si esos dogmas son correctos o no. Es el ser humano el que se cuestionó en su día si el Sol giraba alrededor de la Tierra o era la Tierra la que giraba alrededor del Sol. Es el que se planteó si todo empezó en el Edén con Adán y Eva o si en realidad la Tierra era algo mucho más antiguo.

La parte humana de Darwin fue la que vio que en realidad hubo un día en que no fuimos muy diferentes de las ratas o los orangutanes. Simplemente somos consecuencia de una de las muchas ramas de la evolución animal.

El chimpancé es cómodo y simplemente se deja llevar por la corriente. Pero también es manipulable. Sobretodo cuando tiene malestar. Los grandes cambios sociales que se han producido a lo largo de la historia han sido por estas dos razones:

  • Nuestro chimpancé carece de los recursos básicos de supervivencia. Muchas veces tiene la barriga vacía.
  • El chimpancé es atacado constantemente y se siente vulnerable.
  • Un individuo con carisma y capacidad le hace ver lo mal que está y le da una solución: Gandhi, Martin L. King, Hitler, Lenin, la Revolución Francesa

Generalmente nuestra sociedad es un conjunto de tribus. Hay tribus de todo tipo. Una peña del Barça es una tribu. Un partido político es una tribu. Un grupo de personas que se juntan para tocar un poco de jazz también es un tribu. El Daesh es una tribu.

Ejército de Corea del Norte (1)

El problema radica en el grado de independencia que tiene el ser humano y el chimpancé dentro de su tribu. Las tribus en las que predomina una mentalidad simiesca suelen ser más peligrosas que las otras. Es decir, aquellos grupos donde el individuo tiene menos capacidad de pensamiento independiente suelen seguir en mayor medida las ideas de un líder.

En muchas ocasiones se dice que el ser humano es mucho peor que el resto de animales. En mi opinión esto es una afirmación falsa. La diferencia entre el ser humano y el resto de animales es la capacidad que tiene el primero para destruir y hacer daño.

Como todo, hay animales perturbados en mayor o menor medida o que tienen en su ADN cometer actos atroces, como el de matar a las crías que no pertenecen al grupo.

Por ejemplo, es sabido que cuando un león macho se hace con el control de una manada, elimina a los cachorros varones engendrados por el anterior macho alfa de la manada. El león ha evolucionado a lo largo de miles de años. Ha aprendido que si elimina hoy a los cachorros frágiles y vulnerables, mañana no tendrá que pelear con leones jóvenes y robustos. De esta manera mantendrá su liderazgo dentro del grupo y podrá esparcir sus genes más fácilmente.

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Fuente: Facebook Pictoline

La diferencia con el ser humano es que éste ha sido capaz de desarrollar cosas como el cuchillo, la espada, la bayoneta, el rifle o la bomba atómica. Pero el que está detrás y aprieta el gatillo o pulsa el botón, suele ser el chimpancé. Hitler creía que los judíos, gitanos y negros eran realmente algo malo para la raza humana y debían ser eliminados. El problema es que Hitler era un chimpancé trastornado y demente que supo manipular a una tribu dándole a sus miembros agua, comida y sobretodo orgullo perdido.

Isaac Asimov habló sobre esto hace unos cuantos años, diciendo lo siguiente:

El aspecto más triste de la vida en este preciso momento es que la ciencia reúne el conocimiento más rápido de lo que la sociedad reúne la sabiduría.Isaac Asimov

Lo que Asimov dice es que la tecnología y la ciencia han avanzado enormemente en los últimos siglos, sin embargo la conciencia y sabiduría del ser humano no lo han hecho en la misma medida. De ahí que hayamos logrado generar energía a partir de combustibles fósiles pero que también estemos generando un efecto invernadero por su uso masificado.

El grado de pensamiento independiente, cultural y de bienestar que tiene el ser humano es fundamental para que un líder no manipule a su chimpancé, sea para bien o para mal. Cuanto más ciega, inculta y hambrienta sea la tribu, más peligro tiene un demente con carisma.

Demente con carisma que se pone a gritar en medio de la calle

El chimpancé es cruel y despiadado con lo ajeno y diferente

Richard Dawkins en su maravilloso ensayo sobre divulgación científica, «El gen egoísta», afirmaba que el ser humano era más cruel, despiadado e indiferente cuanto más alejado es su parentesco genético con otro ser vivo. Mejor dicho, nuestra parte primitiva/orangutesca es más defensora cuanto más allegado es el ser vivo que le rodea. Siendo sus descendientes una de sus mayores preocupaciones y por lo tanto a los que más seguridad acabará dando.

Dawkins afirma en su libro que nuestros genes están programados para ser egoístas. Quieren su supervivencia y su inmortalidad. Esto lo han conseguido a través de millones de años de evolución, defendiendo y protegiendo a sus descendientes genéticos y eliminando a su competencia y amenaza directa.

Somos máquinas de supervivencia, autómatas programados a ciegas con el fin de perpetuar la existencia de los egoístas genes que albergamos en nuestras células.Richard Dawkins

Dawkins dice que el cuerpo del ser humano como individuo es un ente temporal. Nacerá, vivirá y morirá. Sin embargo, el gen acaba perdurando a través de los descendientes de cada generación. Dawkins establece que hay un grado de parentesco genético entre los diferentes seres vivos que hay en el planeta y que a pesar de que el ser humano es la especie dominante, también es manipulado por su chimpancé o por su gen egoísta en cuanto a la protección de otro individuo con mayor o menor grado de parentesco. Para entender este concepto basta echar un vistazo a la siguiente imagen:

Tú, tu hijo%2Fa, padre, madre, hermano%2Fa.

Evidentemente protegemos mucho más a nuestras familia y a nuestros seres queridos que a los desconocidos. Hasta aquí parece lógico.

Lo que no parece tan lógico es la reacción tan diferente que tenemos cuando por ejemplo, sabemos de una muerte por violencia de género en nuestro país. Es decir, este tipo de noticias nos suelen afectar. Sin embargo, sabemos que en África mueren muchas más mujeres a diario por este motivo. Al final, ambas son mujeres. Y también seres humanos.

Estamos mucho más concienciados y nos entristecemos más cuando pasa cerca nuestro. Esto se debe al grado de proximidad genética y social.

El toro que he mencionado anteriormente también se podría incluir. Cuando vemos una película de gladiadores romanos nos suele sorprender la brutalidad del espectáculo. Hoy en día hacemos algo parecido en las corridas de toros. La única diferencia es que el animal castigado no es un ser humano.

Esto también se puede llevar al extremo con las mascotas o animales domésticos. Muchos de ellos viven mejor que un gran porcentaje de la población mundial. Lo que no está tan claro es si sus respectivos dueños renunciarían a la vida de su mascota para salvar la de otro ser humano completamente desconocido. Aquí el gen entraría en conflicto.

Una vez más el grado de afinidad con los perros y los gatos también se puede ver de forma clara cuando en occidente es una aberración comer carne de perro o de gato, pero es algo normal cocinar cordero, pollo o ternera.

Si seguimos bajando la escala llegamos a los insectos. No creo que haya muchas gente que vaya a perder el sueño por la noche después haber matado a una cucaracha dentro de su casa. Una vez más, los insectos nos quedan bastante alejados a nivel genético y por lo tanto su existencia a priori, no nos preocupa lo más mínimo.

Nuestra parte de ser humano se antepone al chimpancé cuando somos capaces de comprender y respetar de forma medianamente lógica este parentesco genético. El físico divulgador Jorge Wagensberg dice lo siguiente al respecto::

El espíritu de los tiempos hace que, poco a poco, se imponga un sentimiento de compasión. El progreso moral existe cuando la tristeza por el dolor ajeno extiende su radio de acción. Empieza por uno mismo y los familiares, luego alcanza a los vecinos, tarda en llegar a otros y ahora, cada día más, parece que se aplica también a cualquier animal.Jorge Wagensberg

El chimpancé es irracional

Es algo que se ha podido intuir después de todo lo anterior. Pero al chimpancé no le gustan los números, las matemáticas y la probabilidad. Su percepción del peligro está programada para estar alerta en un ambiente mucho más hostil del que tenemos ahora.

En su ensayo «El hombre anumérico», el matemático John Allen Paulos demuestra la irracionalidad de la que hablo. Por ejemplo, a muchas personas les da miedo volar, pero no les da miedo ir en coche. La realidad es que las probabilidades de morir en un coche son bastante más elevadas que las de hacerlo en un avión. Sin embargo nuestro cerebro se pone más a la defensiva cuando vamos encima de un avión porque es un ambiente que controlamos menos que el de un coche (o eso creemos) y también porque cuando hay un accidente de avión suelen haber varios cientos de muertos y aparece en todos los medios nacionales e internacionales durante varios días.

Es algo mucho más impactante que un accidente de tráfico. Como el coche lo solemos coger a diario, el chimpancé se relaja y se empiezan a cometer temeridades. De ser conscientes de lo que significa un impacto frontal a 90-100 km/h quizás no nos lo tomaríamos tan a la ligera.

El cinturón de seguridad se inventó hace unos cincuenta años y se estima que ya ha salvado más de un millón de vidas. Sin embargo durante un tiempo muchas personas no lo utilizaban e incluso al que se lo ponía se le tachaba de paranoico. Ponerse el cinturón de seguridad implica tres segundos de trabajo y a pesar de no ser infalible, si reduce drásticamente las posibilidades de sufrir un accidente mortal. Aún así, por mimetización y por irracionalidad, el chimpancé durante muchos años no lo utilizó.

Otro ejemplo es el de los tiburones, que nos dan mucho más miedo que los mosquitos, pero estos últimos son considerablemente más letales debido a la malaria. La diferencia está en que con un mosquito tenemos sensación de control. Si lo vemos revoloteando alrededor nuestro o posado encima de nuestra piel, a punto de ponerse las botas con nuestra sangre, podemos soltar un manotazo y a tomar viento. En cambio, con un tiburón no pasa eso. Con un tiburón lo vamos a pasar mal. Este bicho sí es más grande que nosotros y está en un medio que no es el nuestro, el agua. No pinta bien.

Sin embargo las probabilidades de que nos topemos con un tiburón, salvo que nos metamos en una pecera repleta de ellos, son bastante reducidas. Por otro lado, los mosquitos nos pican en muchas ocasiones sin que nos demos cuenta y en muchas partes del mundo son portadores de: malaria, zika, dengue, fiebre amarilla…

La irracionalidad del ser humano no sólo se basa en los números. También somos irracionales con según que miedos:

  • A veces nos ponemos extremadamente nerviosos por un examen académico cuando el resultado de ese examen no va ser determinante en nuestras vidas. Bueno, puede que si alguien está varios años preparando una difícil oposición, el resultado de ella sí sea determinante para el rumbo que tomará su vida, pero desde luego no es algo que pondrá en peligro su vida.
  • Hacer el ridículo en público nos suele afectar sobremanera, cuando realmente tampoco es algo que nos vaya a ocasionar un cambio importante.
  • Quiero gustar a todo el mundo. Algo que a parte de no ser importante, es casi imposible.
  • Por otro lado, no nos da miedo conducir a más de 150km/h para llegar a un sitio más rápido o porque me apetece sentir la velocidad en mi cuerpo. El mínimo error en esa situación nos envía al carajo; al que conduce, y quizás al del otro coche.
  • Tampoco nos produce ningún temor ir con la bici sin casco, porque nadie lo lleva. Uno prefiere no hacer el ridículo a reducir las probabilidades de abrirse la cabeza en caso de caída.

Otra de las razones por las que el miedo del chimpancé es bastante irracional en cuanto a lo que pueda hablar y decir de nosotros, es que al final la vida que vivimos representa un porcentaje extremadamente pequeño del resto. Se estima que han vivido sobre la faz de la Tierra unas 107 mil millones de personas. Eso significa que tú y yo representamos el 9,3-10%. Pero nuestro gen es egoísta y han conseguido perdura a lo largo de la historia de la vida gracias a su egoísmo.

A grandes rasgos, el día que suspendemos un examen importante, vamos a ver lo que realmente significa dentro de los macronúmeros de la historia del Universo:



1 día. 0,0034%

1 día. 0,0034% (1)

1 día. 0,0034% (2)

1 día. 0,0034% (3)

En general todas las líneas negras son bastante gordas respecto al tiempo transcurrido realmente. Pero era difícil dibujarlo aún más fino. La idea es que, bueno, casi cualquier cosa que nos pase puede relativizarse si tenemos en cuenta lo que representamos en la inmensidad de la historia que conocemos.

Esto no significa que podamos suspender exámenes, llegar tarde o faltar al respeto a otra persona ;-) Lo que significa es que hay que entender que el chimpancé es miedica, porque durante milenios ser así le salvó de ser comido. Pero que ese miedo que él tenía, por el ambiente tan hostil en el que vivía, hoy en día, en occidente y en la mayoría de ocasiones es irracional. El mundo que hoy conocemos, pese a las injusticias y a los lugares tan desgraciados que todavía lo poblan, es con mucha diferencia el más próspero en la historia de la humanidad.

Cualquier acto cuyas consecuencias negativas superan con creces a las positivas suele ser irracional. Hay muchísimos ejemplos que muestran nuestra irracionalidad. El chimpancé y nuestro gen egoísta nos manipulan y nos hacen cometer acciones que, o son perjudiciales para nosotros a corto, medio o largo plazo o simplemente son absurdas.

Cómo controlar mejor al chimpancé

El chimpancé está programado para sobrevivir en un ambiente mucho más hostil que el actual y en general es muy bueno haciéndolo. A pesar de que nuestra esperanza de vida fuera reducida, sí disponíamos de una serie de mecanismos que ayudaban. El problema es que en un mundo desarrollado, como el actual, esos mecanismos pierden utilidad. Si uno deja que el chimpancé le controle, puede ser frágil, manipulable y agresivo. Estos rasgos en la personalidad de cualquier individuo suelen traerle problemas a largo plazo.

Lo que más me ha ayudado a nivel personal a identificar cuándo el chimpancé me estaba dominando es leer las dos fuentes principales que hay a pié de página de este artículo. Es decir, lo que mejor ayuda a controlar al chimpancé es conocer al chimpancé. Así de fácil. Si uno es capaz de identificar cómo y porqué actúa, también es capaz de controlarlo más fácilmente.

Muchas personas nacen, viven y mueren siendo controladas completamente por su chimpancé. Otras, de forma extraordinaria, consiguen dominarlo la mayor parte del tiempo. Por lo general, el resto de seres humanos estamos en un término medio. En algunas situaciones de nuestra vida conseguimos controlar nuestros instintos más primitivos y en otras lo pasamos francamente mal o directamente no nos damos cuenta.

La realidad es que el chimpancé está ahí y no se va a ir. Es algo que tenemos grabado en nuestro ADN. Lo tienen nuestros padres, lo tienen nuestros hijos y lo van a tener nuestros nietos. Se podría decir que es parecido a la película «Una mente maravillosa» protagonizada por Russell Crowe, en la que interpreta al famoso matemático y premio Nobel de economía John Nash.

A pesar de que la película se tome ciertas licencias respecto a lo que sucedió realmente en la vida de Nash, sí es cierto que el matemático sufrió esquizofrenia. En la película (a partir de aquí spoilers), Nash lo pasa mal. La razón es que no es capaz de identificar lo que es real de lo que sólo pasa en su cabeza. Llegado a un punto, Nash se da cuenta de que los fármacos que toma contra su enfermedad le impiden pensar de forma clara y que por tanto también le impiden desarrollar sus teorías. Cuando decide eliminarlos, vuelve a recaer. Finalmente, el matemático consigue comprender el problema. No toma la medicación recetada y es consciente de que ve cosas que en realidad no existe. Opta por ignorarlas por completo.

El caso de Nash en la película oscarizada es un poco extremo, obvio. Pero nuestro chimpancé está ahí. Conocerlo y saber cómo y porqué actúa nos ayuda a controlarlo y a ignorarlo cuando hace falta.

El miedo

El miedo no es algo malo. De hecho, es una emoción que al igual que el dolor, nos ayuda a sobrevivir. Ambos tienen una función informativa y también de protección. El miedo genera una serie de reacciones fisiológicas desagradables. Pero por muy desagradable que sea esa información, también nos era útil. El problema es que hoy en día muchos de nuestros miedos son completamente irracionales. El chimpancé se encuentra detrás de ellos.

Hay ocasiones en las que hay que tener miedo. Si estás paseando por las calles de Ciudad de Juárez a las once de la noche, debes tener miedo. Si estás en alguna ciudad Siria, debes tener miedo. El tema es que esto no es lo habitual, y en el caso de que vivas en occidente, se puede elegir evitar ese tipo de situaciones.

Aún así, tenemos demasiado miedo demasiadas veces en nuestra vida. El miedo saca a relucir al chimpancé y éste actúa por impulso. El miedo, al igual que el chimpancé, no se puede eliminar. Está ahí en mayor o menor medida. Se puede controlar, conociendo de dónde y el porqué aparece. Es decir, la mejor manera de controlar el miedo es analizando porqué estamos teniendo miedo:

[box]Estamos paseando por Caracas (Venezuela) y tenemos miedo, entonces pensamos:

  • Bueno, es un país en una situación económica grave.
  • Los índices de delincuencia han aumentado considerablemente en los últimos años.
  • De hecho, a día de  hoy está considerada una de las ciudades más peligrosas del mundo.
  • Sí, debo tener miedo. [/box]
[box]Nos disponemos a dar un discurso ante más de 100 personas. Estamos nerviosos. Sudamos. Todas las reacciones fisiológicas que estamos teniendo son habituales cuando tenemos miedo:

  • Mi vida después de esta charla no va a cambiar mucho.
  • De hecho, en la mayoría de casos no va a cambiar nada.
  • Tampoco va a cambiar la vida de los asistentes.
  • Muchos estarán deseando irse a casa mientras me están escuchando.
  • O querrán que siga porque les apasionará lo que digo.
  • En cualquier caso, reciba o no la aprobación del público esta noche podré cenar, beber y dormir bajo un techo. Y mañana. Y el otro. [/box]

Recuerdo una vez que volaba a Madrid por un campeonato universitario. Los últimos viajes que había hecho habían tenido turbulencias, y éste en concreto fue bastante movidito. Un compañero que viajaba al lado mío, cuyo padre era ingeniero aeronáutico, me empezó a explicar la razón de las turbulencias, el porqué los aviones están muy preparados para soportarlas y el bajo riesgo que tiene que una nave acaba accidentando por esta razón. No recuerdo exactamente la explicación, pero sí recuerdo que me dijo cómo había equipos científicos que con aviones atravesaban huracanes para estudiarlos en mayor profundidad. Las turbulencias en un huracán no deben ser poca cosa.

Desde entonces y salvo que las turbulencias no sean tremendas, no me suelen preocupar.

Otro ejemplo sobre cómo controlar el miedo lo pone Elon Musk, físico y fundador de Paypal, Tesla y SpaceX:

Cuando era un niño pequeño, la oscuridad me daba bastante miedo. Después empecé a leer y a comprender que la oscuridad es realmente una ausencia de fotones en la longitud de onda visible. Luego era absurdo estar asustado por una falta de fotones. Después la oscuridad ya no volvió a darme miedo. Elon Musk

Warren Buffett con la inversión y con los mercados financieros expone también varios ejemplos sobre la irracionalidad del ser humano que se deja dominar por el miedo:

Si no puedes ver caer la acción de una empresa en la que estás invertido más de un 50% y mantener tu posición, entonces mejor no inviertas en el mercado de valores. Warren Buffett
Diversificar está bien cuando no sabes muy bien qué haces. El riesgo es inversamente proporcional al conocimiento que tenemos sobre una empresa, su sector y su competencia. Warren Buffett

El mercado de valores suele ser muy volátil a corto plazo. La razón es la psicología del ser humano. El chimpancé es el que vende en esos momentos de pánico. Por miedo y por mimetización. También es el chimpancé el que compra en períodos de expansión, donde todo el mundo compra y la bolsa se dispara. Sin embargo, la filosofía de inversión de Buffett, el value investing, se aprovecha de ello y compra acciones que el mercado está infravalorando.

De hecho, uno de los mayores cabezas visibles de la inversión en valor y mentor de Buffett, Benjamin Graham, definió al mercado como un ente maníaco depresivo. Es decir, en gran medida el mercado es un chimpancé.

Uno de los acontecimientos económico-social que desencadenó una gran caída en los mercados de valores internacionales fue el Brexit. Pero la realidad es la siguiente:

Referéndum en Reino Unido. Vence salir de la Unión EuropeaPero la realidad es esta

Buffett y su socio Munger conocen el modelo de negocio de las empresas que compran. Conocen a su competencia. Conocen sus números. Devoran toda la información que puede haber al respecto. Finalmente, si saben que es una empresa rentable, con una ventaja competitiva perdurable en el tiempo, no les preocupa mucho ver caer la cotización durante un largo período de tiempo. Porque saben que la empresa vale más. Haber adquirido conocimiento elimina el posible miedo que su chimpancé tiene en los momentos de pánico.

Para extender un poco el tema del miedo, recomiendo el artículo de Psicología y Mente: «¿Para qué sirve el miedo?».

Controlar al chimpancé impulsivo

Toda información es recibida primero por el chimpancé. Una vez más, esto es normal. Necesitamos protegernos ante cualquier peligro que la naturaleza nos pueda deparar. El chimpancé, en un espacio de tiempo muy reducido analizará si es algo de qué preocuparse o no. Nuestra parte humana interpretará lo que está pasando con calma y con lógica. Por otro lado, el chimpancé reaccionará de forma más emocional.

Como he comentado, el chimpancé suele actuar bastante más rápido que nuestra parte humana. El problema de esto es que esa reacción suele ser más emocional e impulsiva que otra cosa. El chimpancé también es más fuerte. Bastante más fuerte. Es por ello que la fuerza de voluntad es tan complicada de dominar y suele ser tan difícil adquirir nuevos hábitos. Tirar de fuerza de voluntad funciona cuando estamos haciendo algo que al chimpancé le gusta o le es indiferente. En caso contrario, él toma las riendas un buen puñado de veces.

Un claro ejemplo de las consecuencias que puede tener dejar que el chimpancé tome el control son los cuernos. Sin pararse a analizar el dilema moral que esto pueda suponer, hay muchas personas que no están de acuerdo con que su pareja tenga relaciones sexuales con otra persona. Sabiendo esto y dando por sentado este dogma social, muchas personas fornican con otras fuera del matrimonio. Habrá algunas que se sientan mal, a otras les será indiferente. Pero el chimpancé en general suele dominar a ambas por sus ganas de procrear. El gen egoísta está volviendo a hacer de las suyas.

Es habitual, más en hombres que en mujeres, ser infiel y cabrearse sobremanera cuando se dan cuenta que su pareja también les ha sido infiel. Una vez más, el chimpancé está viendo peligrar su posición y es algo que no le gusta.

Otro ejemplo de acto irracional e impulsivo por parte del chimpancé es cuando tenemos algún altercado mientras conducimos. Ya sea un golpe o un susto. Muchas personas son incapaces de aceptar su error y se dejan dominar por su chimpancé, enfrentándose. El problema de esto es que la mayoría de las veces suele acarrear problemas más graves que por contra nos disculpáramos y nos fuéramos por donde hemos venido.

Conductor 1 (izquierda), sufre el error (pensemos que involuntario) del conductor 2 (derecha).

Conductor 1 se enfadará casi seguro y el conductor 2 puede optar por disculparse o dejar que su chimpancé, con orgullo y vanidad, lleve la situación. En cuyo caso no se disculpará y pasará lo siguiente:

Sorry. Me he equivocado. (2)

En este momento, el conductor 1 tiene que hacer un enorme esfuerzo para controlar la ira de su chimpancé y el conductor 2 ya se ha metido en un problema. Quizás esté arrepentido o quizás deje que su chimpancé se enfade más y acaben los dos en la arena:

Untitled design (12)

Por otro lado, el conductor 2 puede asumir el error que ha cometido y disculparse:

Sorry. Me he equivocado.

Lo que acabará que el orgullo del chimpancé que viaja con el conductor 2 quede un poco tocado, pero ambos se irán por donde han venido y no habrá peores consecuencias:

Sorry. Me he equivocado. (1)

**Esto no va a pasar así el 100% de las veces, desde luego. Pero controlar al chimpancé y saber pedir perdón a tiempo puede ayudar ahorrar muchos problemas.

Controlar el impulso del chimpancé es complicado, aunque difiere de las sensaciones que provoca el miedo. En ambos casos conocer cuándo el chimpancé está actuando es fundamental. Probablemente lo que mejor funciona para conocer el ímpetu del simio es la formación. Conocer, estudiar, aprender y culturizarse es la mejor arma que tiene el ser humano para enfrentarse al todo poderoso primate que lleva en su interior.

Si estamos haciendo dieta y nuestra madre nos pone un pedazo pastel con una pinta estupenda, el chimpancé saldrá al ataque. A partir de aquí, el humano tiene que ser capaz de identificarlo y lanzarlo por los aires. El humano será mucho más poderoso si ha tomado consciencia de lo que significa estar gordo y las consecuencias que conlleva para su salud. Ese conocimiento se toma leyendo, escuchando y viendo fuentes que evidencian esas consecuencias. Algunos ejemplos podrían ser:

  • Documental en Netflix que explica cómo le ha cambiado la vida al protagonista tomar batidos de verduras y frutas durante varios meses.
  • Leer diferentes libros sobre las consecuencias que tiene el azúcar y el sobrepeso en nuestra salud.
  • Seguir algún blog sobre nutrición.

Si alguna de las fuentes ha resultado especialmente impactante, es importante repetir la lectura o el visionado.

Conclusión: el chimpancé no es siempre malo para nosotros

Después de leer más de 6.000 palabras al lector le parecerá que el chimpancé es algo malo. Sí que es cierto que en muchas situaciones de nuestra vida nos domina en exceso y nos hace actuar como lo hacíamos en pelotas hace 50.000 años. Hoy en día nuestras vidas han cambiado enormemente. La esperanza de vida en algunos países es superior a los 80 años y la mortalidad infantil se ha reducido a niveles ridículamente bajos en comparación al siglo pasado (siempre hablando de occidente). Pero gracias al simio también tenemos muchas cosas buenas en la vida:

  • Bailar en una discoteca con un chico o una chica y pasarlo bien suele ser gracias al chimpancé, que está potenciado muchas veces por el alcohol.
  • La sensación placentera que tenemos durante y después de hacer ejercicio físico.
  • Hacer el amor de forma pasional.

El chimpancé no es siempre malo. Probablemente el chimpancé es el causante de algunas de las mejores sensaciones que tenemos a lo largo de nuestra vidas porque es emocional y pasional.

Finalmente, este vídeo del canal de Youtube Kurzgesagt, explica de forma breve y amena cuál ha sido nuestra evolución desde hace más de 200.000 años.

[box]Recursos y fuentes:

  1. Libro de Steve Peters: «The Chimp Paradox.» (Principal)
  2. Libro de John Allen Paulus: «El hombre anumérico.»
  3. Libro de Richard Dawkins: «El Gen egoísta.»
  4. Libro de Yuval Noah Harari: «Sapiens: A Brief History of Humankind.»
  5. Elena Costas en Jot Down: «El voto del miedo.»
  6. Tim Urban en What but Why: «Taming the Mammoth: Why You Should Stop Caring What Other People Think.» (Principal)
  7. Wikipedia: «Teoría de las ventanas rotas.»
  8. Wikipedia: «La historia del Homo Sapiens.»
  9. Wikipedia: «Sobre la agricultura.»
  10. Kevin M. Kniffin and David Sloan Wilson: «Evolutionary perspectives on workplace gossip: why and how gossip can serve groups.»
  11. Neofronteras: «¿Es el azúcar el culpable?» [/box]

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