Babe y cómo tratar a alguien con Humanidad

Babe y cómo tratar a alguien con Humanidad

El otro día volvieron a dar «Babe el cerdito valiente». Es una de esas películas que a pesar de los años que han pasado desde su estreno, sigue siendo original y fresca. Además, consigue llegar a todos los públicos. Cualquier niño la verá, y disfrutará. Al igual que un adulto. Su mensaje es profundo y transmitido con originalidad. Otro ejemplo de este tipo de película: Up de Pixar.

La humanidad del cerdito

Parece un poco contrasentido llamarlo así: «humanidad». Cuando realmente es un cerdito. Pero una de las cosas que más me gustan de la película es cómo Babe se opone a toda regla y empieza a tratar con amabilidad y educación a las ovejas, para que éstas se muevan y vayan donde Babe les ha pedido.

En un principio, la «madre» perro de Babe, le dice que tiene que ser agresivo. Fuerte. No mostrar piedad. Tiene que hacerse respetar. Babe lo intenta de esta forma, sin embargo, rápidamente algo le dice que no es el mejor camino.

Es evidente que durante la historia, el miedo ha sido un arma importante para lograr que alguien hiciera algo. La pregunta es si este mecanismo ha sido el más eficiente. La película tiene la respuesta y es clara: No.

Babe consigue que las ovejas hagan lo que les pide de forma mucho más eficiente que el resto de perros pastores. ¿La razón? Porque el cerdito lo pide con amabilidad y con educación. ¿Por qué no intentamos hacerlo siempre así? Los perros pastores parten de que las ovejas son tontas y que por mucho que razones con ellas, no lo entenderán. Por ello las tratan con desdén, agresividad y malas formas. Muchos empresario y empleados hacen lo mismo con sus iguales o subordinados. No se plantean, que quizás desde la amabilidad, el respeto y la educación podrían conseguir que la persona a la que le piden algo lo hiciera mucho mejor.

Un empleado es probablemente el mayor activo que tiene una empresa. Y en muchas ocasiones es tratado a patadas. No hace falta que sea un empresario. También hay empleados con responsabilidad y con personas a su cargo que actúan de la misma forma.

[box type=»bio»] Trata a tu inferior, como te gustaría que te tratara tu superior. Séneca[/box]

La amabilidad es una herramienta mucho más poderosa que el miedo. A la hora de pedirle a alguien que haga algo, analiza si lo estás haciendo de la mejor forma posible. A la hora de corregir a alguien, piensa si estás utilizando el miedo como incentivo o la enseñanza como mejora.

El granjero ¿tímido o introvertido? Valiente

Muchas veces se confunde tímido, con introversión. El tímido es aquel, que a pesar de estar cómodo en un ambiente con mucha gente, le cuesta relacionarse. El introvertido es aquel, que aún estando en un ambiente con mucha gente, no le cuesta relacionarse con personas que no conoce, pero se siente más cómodo en un ambiente tranquilo y conocido. Un buen ejemplo de esta diferencia es el granjero de Babe. Un tipo callado. Observador. Meticuloso. Que le gusta su trabajo en su granja. Y pocas veces se pone nervioso.

El granjero va observando poco a poco cómo Babe tiene una habilidad especial. Primero se arriesga con la locura de intentar que Babe encierre a las ovejas en un cerco para esquilarlas. Hasta su perro pastor alucina. Luego, se arriesga a ir al campeonato nacional de «perros» pastores y ovejeros con Babe. Una locura aún mayor si cabe. Pero confía en su criterio. En lo que ha visto. Y se arriesga. Se arriesga a perder toda reputación y a ser tratado como un loco. Es valiente.

Fernando, el pato que piensa diferente

Uno de los personajes a destacar en esta película es el pato Fernando. ¿Qué hace Fernando que no hacen los demás? Ser diferente. En la granja, aparentemente nadie rompe el patrón. Incluso Babe, de no recibir la influencia de este pato, probablemente tampoco hubiera sido algo más que un «cerdito» y no se hubiera atrevido a dirigir, amablemente, a unas cuantas ovejas. Pero Fernando, por sus ansias de ser necesitado en la granja para algo más que no fuese la cena de Navidad, empieza a cantar por las mañanas y a sustituir al gallo. Evidentemente, esto no gusta a nadie. Ni a los animales, ni a los granjeros. Pero Fernando hace algo diferente. Intenta algo que le convierta en imprescindible. 

 

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