Hábitos: 4 factores para poder manipularlos

Hábitos: 4 factores para poder manipularlos

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Generalmente los hábitos se forman sin que nos demos cuenta. Ya sean buenos hábitos o malos hábitos. Cuesta llegar a adquirir uno, pero una vez está ahí, facilita mucho la tarea que implica. Los hábitos influyen directamente en nuestra voluntad. Requerimos de mucha menos fuerza de voluntad cuando tenemos un hábito adquirido. Si tienes un mal hábito, necesitarás mucha más voluntad de la que necesitarías habitualmente para poder eliminarlo. Así de simple. Un hábito puede ser algo que mejore o empeore tu calidad de vida.

Un hábito se forma a partir de la invocación periódica de un acto. Se podría decir que es como un llamamiento. O un interruptor.

El horario o el tiempo es una forma de invocar nuestros hábitos. Si somos capaces de identificar lo que hacemos a una hora determinada durante el día, sabemos que hay un horario que actúa como interruptor de un hábito establecido. Lavarse los dientes por la mañana, comer a una hora determinada o fumar un cigarrillo a media mañana. Al identificar un horario en el que repetimos un acto de forma periódica, podemos intentar reemplazarlo.

Las personas también influyen de forma directa en nuestros hábitos. No es lo mismo rodearse de amigos que hacen deporte, que de amigos a los que principalmente le gusta la telebasura y salir de fiesta. No es lo mismo haber nacido y crecido en un entorno de estudio, que en un entorno de no estudio. Somos la media de las cinco personas con las que más tiempo pasamos.

Los lugares también son detonantes de los hábitos. Si el lugar donde trabajamos está plagado de distracciones, nuestro hábito para ser capaces de mantener la atención durante un período de tiempo será débil. Si tenemos chocolatinas en la despensa, es mucho más fácil acabar comiendo chocolatinas al final del día. Todos los lugares a los que acudimos habitualmente tienen hábitos preestablecidos. El objetivo es identificarlos y analizar si es conveniente cambiar nuestro entorno.

Las emociones. Nuestras emociones pueden ser auténticas bombas sobre los hábitos. Buenos y malos. Hacer deporte libera estrés y nos hace sentir mejor. Por ello, desencadenará otros hábitos, como la buena alimentación. La falta de seguridad en uno mismo provoca que seamos incapaces de conocer a gente nueva y relacionarlos. El estrés hace que estemos irritados y que probablemente acabemos adquiriendo hábitos no muy saludables para nosotros mismos y nuestro entorno.

«Somos fruto del conjunto de cosas que hacemos a diario. Ergo la excelencia no es un acto, sino un hábito.» Aristóteles

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