Hay que pararse y afilar el hacha

Hay que pararse y afilar el hacha

Abraham Lincoln fue presidente de los Estados Unidos. Perteneció al bando de la Unión durante la guerra civil estadounidense y sus medidas dieron como resultado la abolición de la esclavitud. Pero antes de todo eso, cuando era joven, Lincoln fue leñador. Con cierta habilidad, el joven Abe aprendió a cortar troncos y madera. Con el tiempo, una de sus frases más famosas respecto a la productividad fue la siguiente:

[box] «Si tengo que talar un árbol en 6 horas, perderé como mínimo 3 en afilar el hacha.» Abraham Lincoln[/box] Esta frase la utilizó cuando ya era presidente. Y obviamente era una metáfora sobre todas las habilidades que le requerían como líder de la nación y al frente de uno de los bandos en la guerra civil. Pero se puede trasladar a la mayoría de cosas que hacemos.

En este artículo, Carlos Bravo habla sobre el peligro que puede entrañar la constancia. Ser constantes en ocasiones puede ser algo muy negativo. ¿La razón? Estar haciendo algo mal paulatinamente. De forma repetida a lo largo del tiempo. La frase de Lincoln se refería a esto. La constancia no sirve de nada si no nos paramos a analizar, de vez en cuando, si lo que hacemos es correcto o no. Mejor aún, si lo estamos haciendo de la mejor forma y eficiencia posible.

El día a día suele ser caótico. La velocidad con la que nos movemos en los países desarrollados es enorme. Estamos ocupados y nos gusta que otras personas vean lo ocupados que estamos. Pasan los días, las semanas y los años y la mejora es pequeña. Insignificante. No has logrado lo que has conseguido. Pero has trabajado duro, muy duro. ¡De sol a sol! No es una cuestión de trabajar más. Sino de trabajar mejor. Calidad es mejor que cantidad. Y para eso, hay que pararse a afilar el hacha.

Formas de parar y afilar el hacha:

Hay muchas más. Estas son algunas. Se pueden aplicar a cualquier cosa que hacemos a diario. Frena y afila el hacha.

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