La teoría de las ventanas rotas y cómo el ser humano mimetiza

La teoría de las ventanas rotas y cómo el ser humano mimetiza

La teoría de las ventanas rotas es sencilla. Dice que si en un edificio hay una o dos ventanas rotas, y éstas no se reparan, las probabilidades de que hayan más ventanas rotas y no se reparen crecen exponencialmente. Además, a medio plazo, las consecuencias negativas de ello pueden ser que los ladrones piensen que tienen mayor libertad para delinquir.

Es decir, que los pequeños detalles influyen directamente y acarrean consecuencias mayores. El ser humano, es un primate, y como primate mimetizamos mucho. Nuestra tendencia es la de copiar lo que hacen nuestros semejantes. De ahí que sea tan importante juntarse con gente mejor que tú. De ahí que seas la media de las 5 personas con las que más tiempo pasas. Si pertenecemos a un ambiente, en el que algo que no está bien se empieza a generalizar, tendemos a relajarnos y relativizarlo. Y a medio y largo plazo,

La teoría de las ventanas rotas se puso en práctica en la década de los 80 en la ciudad de Nueva York. Por aquel entonces, la gran ciudad era una de las ciudades más peligrosas de Estados Unidos. En los metros de Nueva York se empezaron a limpiar aquellos vagones que estaban repletos de graffiti. Cada noche se recopilaban los vagones que tenían algún graffiti y se pintaban de nuevo. En un comienzo, los graffiteros disfrutaron de repintar los vagones durante el día y par de la noche. Sin embargo, poco a poco se fueron cansando. El ayuntamiento de Nueva York fue constante en el proceso. No dejó pasar ninguna noche sin volver a pintar los vagones.

El hecho de que los vagones del metro de Nueva York no estuvieran repletos de pintadas influyó directamente en el descenso de otros crímenes mayores. Pintar graffiti estaba considerado un crimen menor, pero según la teoría de las ventanas rotas, si no te fijas en los pequeños detalles, el ser humano en general, piensa que puede hacer cosas más delicadas. Y este tipo de actos se contagian rápidamente. Porque mimetizamos muy rápido.

Fuente: Malcolm Gladwell

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