¿Por qué alguien llega a ser un genio?

¿Por qué alguien llega a ser un genio?

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Bill Gates y Paul Allen programaron una versión de Basic para una empresa con sede en Albuquerque. El tiempo apremiaba y debían de conseguir tener el software listo en un plazo récord. Gates programaba durante jornadas maratonianas. Una hora detrás de otra. Paraba para comer pizza o hamburguesa y para echar cabezadas de 1 – 2 horas encima del teclado. Luego despertaba y continuaba donde lo había dejado. Como si nada hubiera pasado. Consiguieron entregar el software a tiempo y resultó ser toda una revolución. Microsoft estaba en marcha. Estaba completamente absorbido por lo que hacía. Durante horas. Muchas horas.

Warren Buffet dice que el mejor consejo que puede dar para invertir bien es coger 500 páginas de reportes financieros anuales de diferentes empresas y leerlos a diario. 500-1000 páginas cada día. Leer, leer y leer. El conocimiento funciona como el interés compuesto. A medida que vas obteniendo más, mejor lo puedes utilizar. Y más se retroalimenta. El problema es que Buffet cuando llegaba a casa subía a su despacho y seguía leyendo reportes anuales. En ocasiones su hija pequeña aparecía para jugar con él. Ni si quiera advertía que ella estuviera allí. Hubo una vez que subió llorando por haberse caído en el jardín. Buffet se percató al cabo de varios minutos, cuando ella ya se había ido de la habitación. Estaba completamente absorto en lo que hacía. Durante horas. Muchas horas. El primer día que te pongas a leer más de 500 páginas de cuentas anuales quizás te parezca divertido. Pero ya veremos cuando lleves una semana. Buffet lleva más de cincuenta años haciéndolo. Cuando Buffet lee estados financieros e información sobre empresas, entra en flujo.

Katsuhiko Kashiwazaki es un japonés campeón del mundo de Judo. Cuando estaba en el instituto, se pasaba las clases creando nuevas técnicas e imaginado cómo iba a ser el próximo torneo en el que iba a participar. Se imaginaba en su mente ganando una y otra vez. Cuando los profesores le llamaban la atención por estar distraído él les enviaba callar: «Estoy a punto de empezar la semifinal. ¡Dejadme tranquilo por favor!»

Los mejores en su campo. Con casi toda seguridad, amaban lo que hacían y sobretodo, estaban obsesionados con ello. Ken Robinson en su libro lo llama «el Elemento«. Aquello que además de que se te dé bien, lo amas. Robinson pide que cada uno de nosotros deberíamos buscar nuestro elemento. ¿Cómo encontrarlo? Probablemente sea aquello que mientras lo estás haciendo, la horas te pasan como si fueran minutos.

Que esto no te lleve a confusión. Cuando empezamos con un nuevo proyecto, nuestra motivación suele engañarnos. Y al principio el tiempo pasa muy rápido. Sin embargo, lo que es realmente difícil… lo que consiguen sólo unos pocos, es mantener esa motivación a lo largo del tiempo. No durante una semana, ni un mes. Lo hacen durante varios años. Se obsesionan con una cosa. Se concentran en ello. Y mantienen ese nivel de motivación y concentración durante mucho tiempo. Eso sólo se puede conseguir con las cosas que realmente te apasionan.

Siempre nos han dicho que los genios son personas normales y corrientes. Como tú y yo. La única diferencia que hay entre ellos y el resto de mortales es su empeño y su capacidad de trabajo. Eso es mentira. Un genio es una persona que ha crecido en una condiciones socioeconómicas concretas. Que ha tenido la suerte de encontrar su elemento cuando era muy jóven. Y que en general tiene una personalidad extremadamente obsesiva. Su obsesión es su mayor herramienta. Provoca niveles increíbles de concentración y motivación que son mantenidos durante mucho tiempo. En la biografía de Einsten, Walter Isaacson cuenta que cuando la mujer del genio invitaba a sus amigos a casa para tomar el té y merendar, Einstein estaba completamente absorto en sus escritos. No bastaba con llamarle por su nombre. Si querían decirle algo, había que levantarse y tocar su hombro.

No todos tenemos esa capacidad. Pero sí todos tenemos un elemento. ¿Has encontrado el tuyo?

 

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