Sobre los monjes maratonianos y nuestra capacidad de compromiso y convicción

Sobre los monjes maratonianos y nuestra capacidad de compromiso y convicción

Japón es un lugar increíble. Para bien y para mal. Viví durante más de un año allí y pude darme cuenta de las diferencias sociales que existen respecto a occidente. Vaya si las hay.

Para empezar, tienen un concepto muy diferente al que tenemos nosotros sobre la muerte. Creo que esto se debe principalmente a las diferentes influencias religiosas que han tenido a lo largo de su historia y las que hemos tenido nosotros.

Mientras que en Europa y Estados Unidos, principalmente, nos han enseñado que al morir existe un cielo y un infierno, y que según lo bien o mal que lo hagas irás a uno u a otro, en países como Japón donde el budismo y el shintoismo predominan, el concepto que tienen de la muerte es muy diferente.

De hecho, basta echar un ojo al ritual de sacrificio que cometían los samuráis en el Japón feudal (seppuku) o cómo los pilotos kamikazes estrellaban sus aviones contra los portaviones americanos.

En cualquier caso, siempre hay extremos. Como por ejemplo el que le voy a contar al lector a continuación.

En el norte de Kyoto, una ciudad maravillosa donde las haya, existe un monte conocido como el monte Hiei. En dicho monte se pueden observar innumerables tumbas.

Kinkakuji_2004-09-21

Estas tumbas pertenecen a los monjes de Tendai. Y fueron los monjes que fallaron en la consecución del reto conocido como Kaihogyo.

¿Pero por qué está repleto de tumbas? ¿Qué tiene que ver que consiguieran completar un reto o no?

Sigue leyendo.

Los monjes Tendai son conocidos como los «monjes maratonianos». No pienses que es porque corren de vez en cuando maratones, como en occidente.

Su hazaña es mucho más salvaje.

Los Tendai pensaban que podían lograr la iluminación en vida. Esto se conseguía llevando el cuerpo físico a sus extremos. Y para ello, idearon un reto llamado el Kaihogyo.

1. El reto del Kaihogyo

El kaihogyo es mucho más que correr un maratón. Se trata de un reto que dura 1.000 días y 1.000 noches. Durante siete años. Los monjes deben de pasar una dura prueba durante ese período para conseguir la iluminación mientras seguían vivos.

¿Una dura prueba? Más bien es una locura. Algo realmente extremo.

  • Durante el primer año el monje deberá correr 30 kilómetros diarios durante 100 días consecutivos.
  • El segundo año el monje debe repetir el proceso y correr 30km diarios durante 100 días consecutivos.
  • El tercer año se repite el proceso: 30km diarios durante 100 días.

Si no has corrido nunca quizás no eres consciente de lo que es correr 30km diarios durante una semana. Estos monjes debían hacerlo durante 100 días.

  • El cuarto año la cosa se complica. El monje deberá correr 30km, pero esta vez durante 200 días consecutivos.
  • El quinto año, serán los mismos 30km diarios durante 200 días consecutivos. Al acabar, el monje deberá de estar durante 9 días completos sin comer, sin beber y sin dormir. Otros monjes pasarán todo el tiempo junto a él para asegurarse de que no se duerme.
  • El sexto año se dobla el kilometraje. El monje corre 60km diarios durante 100 días. ¿Asustado?
  • Finalmente, durante el séptimo año el monje correrá 84km diarios durante 100 días y al finalizar, correrá 30km diarios durante 100 días más.

Imagino que ahora estarás pensando en cómo un ser humano puede completar este reto. Y sobretodo, ¿por qué? y ¿para qué?

No obstante, el verdadero reto del Kaihogyo no son los kilómetros que se llegan a correr al finalizar los siete años.

No. El verdadero reto es lo que viene a continuación.

Monje Tendai - Fuente www.unbelievable-facts.com
Monje Tendai – Fuente www.unbelievable-facts.com

Durante los 100 primeros días del primer año, el monje puede abandonar y rendirse. A partir del día 101 si el monje abandona el reto deberá quitarse la vida.

Por ello, a partir del día 101 el monje cargará con una espada y una cuerda durante sus largas jornadas de caminar y correr.

En más de cuatro siglos que se ha llevado a cabo el Kaihogyo, sólo 46 hombres han conseguido finalizarlo. Otros muchos llenan las tumbas que hay a lo largo del monte Hiei. Existen pocas representaciones más evidentes de fortaleza mental y física.

2. Sobre la fortaleza mental de estos hombres

Es probable que estés pensando que esto es una tontería. Una locura. Y un sinsentido. Sí, quizás lo sea. Sin embargo, es conveniente ser capaces de empatizar y situarse en la posición de estos monjes y su objetivo vital. Siendo el budismo su religión, la principal meta que tenían estas personas era alcanzar la iluminación. Creían que llevando al cuerpo al límite podrían alcanzarla en vida.

Siguiendo con este ejercicio, el lector debería pararse un momento y visualizar la sensación que debían de tener estos hombres al acabar los primeros 100 días. Si continuaban y al año siguiente empezaba a correr los primeros 30km, ya no había vuelta atrás. Era acabar o morir.

2.1 Termínalo o muere

Los monjes no tenían opción. Acaban el reto establecido del Kaihogyo o debían quitarse la vida. Nosotros por suerte sí tenemos elección.

Sin embargo, creo que es bueno recordar esta historia para cuando nos sentimos desmotivados con algún objetivo marcado. ¿Arrancada de caballo y llegada de burro? ¿Crees que los monjes del monte Hiei tenían este problema? No.

Acábalo. Cuando empecemos algo quizás es una buena idea acordarse de la situación en la que se encontraban estas personas durante el… sexto año, ¿por ejemplo? ¿Cuál es tu excusa?

Probablemente te pase como a mi y tengas un montón de tareas y/o objetivos que se quedan por la mitad. Al principio todo es bonito. Tenemos muchas ganas. Pero a medida que pasa el tiempo, perdemos la motivación. Una vez más, piensa en los monjes. Imagina que no tienes elección. Persevera. Y acábalo.

Monjes Tendai
Monjes Tendai – Fuente http://www.peashooter85.com/

2.2 No importa lo largo que vaya a ser el camino, simplemente empieza

Da igual el tiempo que te vaya a llevar. A fin de cuentas el tiempo pasa igual ¿no?

Los monjes sabían que estaban a 900 días de acabar su reto y aún así empezaban.

Dar el primer paso. Comprometerse. Y acabar

2.3 Compromiso y convicción

Empezar y acabar algo que uno se ha propuesto es una forma de respeto hacia uno mismo. A diferencia de los monjes tenemos la opción de equivocarnos. Pero como dirían los estóicos, echar un vistazo al tipo de reto que tenían estos monjes y a las consecuencias de no cumplirlo nos da una idea de la suerte que tenemos y de las pocas excusas que nos quedan.

También tenemos la opción de elegir y equivocarnos. Si nos hemos puesto un objetivo, al cabo de un tiempo podemos saber si es adecuado para nosotros o no. Pero siempre al cabo de un tiempo establecido. Conviene comprometerse durante un período determinado.

He comentado en varias ocasiones que las personas que tanto han destacado a lo largo de la historia e incluso hoy en día es por su compromiso y convicción con aquello que hacían. Realmente estaban obsesionados.

  • Es probable que Pep Guardiola, Leo Messi o Cristiano Ronaldo se pasen el día pensando en fútbol.
  • Es probable que Isaac Newton estuviera todo el rato dándole al coco sobre cómo resolver un problema determinado.
  • ¿Charles Darwin? ¿Albert Einstein? ¿Michael Faraday?
  • Dicen que Bill Gates se dormía encima del teclado en sus noches programando MS-DOS. Se despertada, comía algo sin moverse de su silla y seguía aporreando el ordenador como si nada.
  • Warren Buffet parece un abuelito muy amable. Pero sus hijos cuentan como les ignoraba (probablemente no a propósito) mientras se pasaba tardes enteras leyendo cuentas anuales e informes financieros.

Probablemente a los monjes no les quedaría mucho tiempo para revisar su timeline de Facebook o para ver la TV. ¿Cuál es tu nivel de compromiso?

Mt_Hiei_Winter
Monte Hiei
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