“Yo no me quiero llevar mal con nadie”

 “Yo no me quiero llevar mal con nadie”

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Al rey Jorge III, en el siglo XVIII, había un grupo de tipos que le repateaban. Le caían francamente mal y los llamó “traidores”.

Jefferson Davis, el presidente de la Confederación de Estados del Sur y el juez Roger Taney, en el siglo siguiente, tenían en común que no se llevaban especialmente bien con un tipo larguirucho de ideas reformistas.

John Adams, Benjamin Franklin, Alexander Hamilton, John Jay, Thomas Jefferson, James Madison, y George Washington, fueron llamados más tarde “padres fundadores” y su labor, junto con la de cientos de mujeres y hombres, contribuyó a la independencia de lo que más tarde se llamaría Estados Unidos de Norteamérica.

En el siglo siguiente, un tipo de aspecto larguirucho y elocuente retórica llamado Abraham Lincoln consiguió, con el apoyo de su partido, que se aboliera la esclavitud.

Si me dices que no quieres cambiar nada especialmente importante, que no quieres hacer nada especialmente grande, que no quieres ir a ninguna parte muy lejos… tal vez debas caerle bien a todo el mundo.

Pero gracias a hombres que estuvieron dispuestos a ganarse la enemistad de otros, el mundo ha avanzado significativamente. Si Lincoln hubiera querido caerle bien a todo el mundo posiblemente hoy aún sería posible azotar a un hombre hasta matarlo sin esperar castigo en ninguna parte del mundo.

Toma partido. Pon pasión en lo que haces. Consigue un cambio positivo perdurable.

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