El poder de un hábito

El poder de un hábito

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Los hábitos son acciones que hacemos de forma mucho más automática de lo que pensamos. Y también permanecen en nuestra mente y actúan con mucha más fuerza de la que a veces, querríamos.

The Power of Habit, de Charles Duhigg, cuenta cómo funciona un hábito y cómo puede influir en nuestro comportamiento.

De forma muy básica, un hábito se forma a partir de un indicio, siguen con una rutina y acaban con una recompensa.

  • El indicio o interruptor, viene a ser como un llamamiento a que empecemos a actuar de una forma determinada. En muchas ocasiones no somos conscientes de ello. Es como si fuera un botón fuera pulsado y pusiera en marcha una acción en nuestro cerebro.

Ejemplo: Podría ser el despertador cada mañana, ponernos las zapatillas y entrar en el baño. Esto nos llevaría a la rutina, que sería la ducha. Lo hacemos automático y activa una rutina.

  • Por otro lado, tenemos la rutina. Viene a ser lo que hacemos. Es el hábito en sí. Dicha rutina puede ser una tarea que a priori nos podría costar mucho hacer, pero que a penas necesita de nuestra fuerza de voluntad. Esto es porque se trata de un hábito y al ser un hábito, nuestro comportamiento es mucho más automático de lo que nos pensamos.
  • Finalmente existe una recompensa. Que es la que actúa directamente sobre el punto uno, el indicio o el llamamiento. Sin esta recompensa, no empezaríamos a hacer nada. Es algo que nos gusta y nos suele dar placer. Un ejemplo de recompensa podría ser la buena sensación que tienes después de ducharte.

El libro no habla mucho sobre cómo formar un nuevo hábito. Sino más bien de cómo cambiar los actuales. Para cambiar un hábito, lo que primero tenemos que hacer es identificarlo. Y para identificarlo, hemos de tener muy en cuenta las tres partes que lo forman (citadas más arriba): el interruptor, la rutina y la recompensa.

Además de esto, podemos identificar un comportamiento que hagamos muy a menudo. A diario. Si es algo que nos perjudica, hemos de incidir en los dos primeros apartados, es decir, lo que activa el hábito y la recompensa final. Un ejemplo que pone es el del postre después de comer. Lo que activa dicho hábito probablemente sea comer en la cafetería y acabar el primer plato. Charles Duhigg dice que en ese momento tenemos que ser capaces, por un tiempo, de hacer algo diferente. Por ejemplo, poner una alarma que suene más o menos cuando solemos acabar de comer y levantarnos automáticamente para ir a otro sitio (dar una vuelta fuera, al baño, donde sea). Si repetimos este proceso durante varios días, habremos cambiado el interruptor por la alarma que suena, y esto nos llevará a dar un paseo. La recompensa es que nos sentiremos mucho mejor durante el día si no nos hemos tomado la tarta del postre.

[box] Somos esclavos de lo que hacemos cada día. Ergo, la excelencia no es acto, sino un hábito. Aristóteles[/box]

Los hábitos son algo muy importante porque están clavados en nuestra mente y actúan a diario. En muchas ocasiones sin darnos cuenta. Sin embargo, un hábito puede ser algo que nos haga más felices, o más infelices. Por ello, no todos los hábitos son algo bueno. De ahí que sea algo importante a tener en cuenta.

Además de eso, el libro explica hasta que punto actuamos de forma automática y en la mayoría de ocasiones sin poder controlar nuestros actos a diario. Pone el ejemplo de un enfermo de Alzheimer, que a pesar de no recordar las caras de sus amigos, en varias ocasiones sale casa sólo a dar un paseo y sabe volver sin perderse. Esto se debe a que antes de que se le diagnosticara la enfermedad, tenía el hábito de caminar, a la misma hora y el mismo recorrido. Por ello, y a pesar de tener una enfermedad como el Alzheimer, es capaz de volver a casa cada día. Porque todavía tiene el hábito en su cabeza.

También, en muchas ocasiones no diferenciamos entre una adicción y un hábito, y cómo este último puede influir en el primero. Es decir, decimos que somos adictos al tabaco. Y sin duda, existe una adicción física por los componentes que tiene un cigarrillo (nicotina, alquitrán, etc). Sin embargo, también existe un hábito instaurado. Como fumar un cigarro nada más te levantas. Lo mismo pasa con el café. Es más un hábito el tomarse un café por la mañana o después de comer que una adicción a la cafeína. O la necesidad de mantenerse despiertos.

Por ello, si hemos identificado un acto que hagamos a diario y que no nos guste, una buena estrategia es escribir en un papel cómo nos sentimos a diario a la hora en que el hábito se pone en marcha. Describir lo que hacemos y las sensaciones que tenemos. De esta forma, podremos cambiar mucho más fácilmente el interruptor y la recompensa. A corto, medio o largo plazo, habremos podido cambiar el hábito.

The Power of Habit. Charles Duhig

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